Comprar vivienda para alquilar puede ser rentable en 2026, pero mucho menos de lo que sugiere la rentabilidad que ves anunciada: una vez restas IBI, comunidad, seguros, reparaciones, vacíos e impuestos, la rentabilidad neta de un piso en alquiler en España suele moverse entre el 2% y el 4% anual. Según los datos del Banco de España, la rentabilidad bruta media por alquiler cerró 2025 en torno al 3%, por debajo de lo que renta hoy un bono del Estado a diez años. Eso no significa que sea mala inversión: significa que tienes que hacer los números antes de firmar, no después. En esta guía aprenderás a calcular la rentabilidad real de un piso para alquilar, qué gastos debes incluir, cómo tributa el alquiler en el IRPF, qué riesgos asumes como casero y cuándo compensa frente a invertir sin comprar ladrillo.
¿Es rentable comprar una vivienda para alquilar en 2026?
La respuesta honesta es depende, y depende sobre todo de tres variables: el precio al que compras, el alquiler que puedes cobrar y los gastos que vas a soportar. El error más común del inversor inmobiliario novato es fijarse solo en la rentabilidad bruta —el alquiler anual dividido entre el precio de compra— e ignorar todo lo que viene después. Esa cifra es siempre optimista.
El contexto de 2026 importa. Tras los recortes de tipos del Banco Central Europeo, el coste de financiar la compra se ha moderado, pero el precio de la vivienda sigue en niveles altos en términos históricos, lo que comprime la rentabilidad. A la vez, la demanda de alquiler en grandes ciudades mantiene tensas las rentas. El resultado es un mercado donde los pisos pequeños en zonas con mucha demanda siguen ofreciendo márgenes razonables, mientras que las viviendas grandes o en zonas tensionadas —donde la Ley de Vivienda limita las subidas— rinden bastante menos.
Cómo calcular la rentabilidad de un piso en alquiler
Para tomar una decisión sensata necesitas calcular tres rentabilidades distintas, de menos a más realista. No te quedes nunca en la primera.
Rentabilidad bruta
Es el cálculo más sencillo y el que usan casi todos los anuncios. Se obtiene dividiendo el alquiler anual entre el precio total de compra y multiplicando por cien:
- Fórmula: (alquiler mensual x 12) / precio de compra x 100.
- Ejemplo: un piso de 180.000 € que alquilas por 850 €/mes genera 10.200 € al año. Rentabilidad bruta = 10.200 / 180.000 x 100 = 5,7%.
El problema es que el precio de compra real nunca es solo el precio de escritura. Hay que sumarle impuestos (ITP del 6% al 10% según comunidad autónoma para vivienda de segunda mano, o IVA del 10% si es obra nueva), notaría, registro, gestoría y, en muchos casos, una reforma inicial. Con esos costes, la inversión total del ejemplo puede acercarse a 200.000 €, y la rentabilidad bruta real baja al 5,1%.
Rentabilidad neta
Esta es la cifra que de verdad importa. A los ingresos por alquiler les restas todos los gastos recurrentes antes de impuestos, y divides entre la inversión total:
- Fórmula: (ingresos anuales − gastos anuales) / inversión total x 100.
- Siguiendo el ejemplo, si los gastos anuales (IBI, comunidad, seguro, mantenimiento y un mes de vacío) suman unos 3.000 €, el beneficio neto antes de impuestos es 7.200 €. Sobre 200.000 € de inversión total, la rentabilidad neta cae al 3,6%.
Esa diferencia entre el 5,7% bruto del anuncio y el 3,6% neto real es exactamente la cifra que separa una inversión bien planteada de una decepción. Es el mismo principio que explicamos al hablar de qué es la rentabilidad real: lo que cuenta es lo que te queda en el bolsillo, no la cifra de portada.
Rentabilidad incluyendo la revalorización
La vivienda no solo genera rentas: también puede revalorizarse (o depreciarse) con el tiempo. Si el inmueble se aprecia, esa plusvalía se suma a tu rentabilidad total, aunque solo la materializas cuando vendes y, además, tributa. El Banco de España, en su Síntesis de Indicadores del Mercado Inmobiliario, estima que sumando alquiler y revalorización la rentabilidad conjunta puede situarse en doble dígito en años de subidas de precios, pero conviene recordar que la revalorización no está garantizada y depende del ciclo. Calcular tu inversión asumiendo plusvalías futuras es el camino más rápido a equivocarte.
Todos los gastos que debes incluir en el cálculo
La rentabilidad de un piso en alquiler se hunde precisamente en los gastos que el inversor inexperto olvida. Antes de comprar, haz una lista completa:
- Impuestos de compra: ITP (6%-10%) o IVA (10% en obra nueva), más Actos Jurídicos Documentados.
- Gastos de adquisición: notaría, registro de la propiedad, gestoría y tasación si hay hipoteca.
- IBI: el Impuesto sobre Bienes Inmuebles anual, que paga siempre el propietario.
- Comunidad de propietarios: cuota ordinaria y posibles derramas extraordinarias.
- Seguros: seguro de hogar y, opcionalmente, seguro de impago de alquiler.
- Mantenimiento y reparaciones: conviene reservar un 1% anual del valor del inmueble como colchón.
- Periodos de vacío: meses sin inquilino entre contratos en los que sigues pagando todos los gastos.
- Gestión: honorarios de agencia o administrador si no gestionas tú el alquiler.
- Intereses de la hipoteca: si financias la compra, el coste del préstamo reduce tu beneficio.
Si vas a financiar la compra con préstamo, el tipo de interés condiciona toda la operación. Antes de decidirte, repasa las diferencias entre una hipoteca fija o variable, porque el coste financiero puede convertir una inversión rentable en una que apenas cubre gastos.
Fiscalidad del alquiler de vivienda en el IRPF
Los ingresos por alquiler de vivienda tributan en el IRPF como rendimientos del capital inmobiliario. No pagas por todo lo que cobras, sino por el rendimiento neto: ingresos menos gastos deducibles. Y aquí está la buena noticia para el propietario: la lista de gastos deducibles es amplia.
- Intereses y gastos de financiación de la hipoteca destinada a comprar el inmueble.
- IBI, tasa de basuras y otros tributos no estatales.
- Gastos de comunidad, seguros y suministros que pague el propietario.
- Gastos de conservación y reparación (no las mejoras, que se amortizan).
- Amortización del inmueble: hasta un 3% anual sobre el mayor del valor catastral de la construcción o el coste de adquisición.
Sobre el rendimiento neto positivo, cuando se trata de alquiler de vivienda habitual del inquilino, se aplica una reducción general del 50% para los nuevos contratos, que puede elevarse hasta el 60%, 70% o 90% en supuestos concretos (rehabilitación reciente, zonas de mercado tensionado con rebaja de renta, o inquilinos jóvenes en esas zonas). Esto significa que solo tributas por la mitad —o menos— del beneficio del alquiler, lo que mejora notablemente la rentabilidad neta después de impuestos frente a otras inversiones. Para entender cómo encaja esto con el resto de tus rendimientos, te puede servir nuestra guía sobre la fiscalidad de las inversiones en España.
Ten en cuenta que estas reglas y porcentajes cambian con frecuencia y dependen de tu situación concreta. Esta información es orientativa y no sustituye el consejo de un asesor fiscal: antes de calcular tu tributación real, confirma los porcentajes vigentes para tu caso.
Riesgos de comprar un piso para alquilar
La inversión inmobiliaria directa tiene una ventaja psicológica —es un activo tangible que entiendes— pero arrastra riesgos que no tienen otros productos financieros:
- Falta de liquidez: vender un piso lleva meses y tiene costes elevados. No puedes recuperar tu dinero de un día para otro como con un fondo.
- Concentración: metes una gran parte de tu patrimonio en un único activo, en una única ciudad y a menudo en un único inquilino. Es lo contrario de diversificar.
- Impagos y desperfectos: un inquilino que no paga puede tardar meses en desalojarse y dejar gastos legales y de reparación.
- Riesgo regulatorio: los topes a las rentas en zonas tensionadas y los cambios normativos pueden alterar la rentabilidad esperada.
- Gestión activa: ser casero consume tiempo. No es una renta tan pasiva como suele venderse.
Por eso el alquiler directo encaja mejor para quien ya tiene un colchón sólido, un horizonte largo y tolerancia a gestionar incidencias, y no para quien busca una renta cómoda y automática.
Comprar para alquilar frente a invertir sin ser casero
Comprar un piso no es la única forma de exponerte al sector inmobiliario. Si lo que te atrae es la idea de cobrar rentas del ladrillo pero no quieres lidiar con inquilinos, hipotecas ni reformas, existen alternativas mucho más líquidas y diversificadas. Puedes invertir en REITs desde España, inmobiliario sin comprar pisos, o repartir el riesgo a través de REITs y crowdfunding inmobiliario, que permiten entrar con cantidades pequeñas y vender cuando quieras.
La comparación es saludable: si la rentabilidad neta de tu piso ronda el 3% y asume riesgo de concentración e iliquidez, conviene contrastarla con alternativas conservadoras como las Letras del Tesoro o con una cartera diversificada de activos que genere ingresos pasivos reales. Comprar para alquilar tiene sentido cuando los números salen claramente por encima de esas alternativas y tú valoras además el componente patrimonial del inmueble.
Lecturas recomendadas para invertir en vivienda
Antes de dar el paso, formarte reduce errores caros. Hay buenos manuales sobre cómo analizar operaciones, calcular la rentabilidad y gestionar inquilinos; puedes echar un vistazo a los libros sobre inversión en inmuebles para alquilar disponibles, que ayudan a poner método a lo que muchos hacen por intuición. La diferencia entre comprar bien y comprar mal suele estar en los números que haces antes de firmar, no en la suerte posterior.
Preguntas frecuentes sobre comprar vivienda para alquilar
Conclusión: haz los números antes de firmar
Comprar vivienda para alquilar sigue siendo una vía válida para construir patrimonio en 2026, pero solo si entras con los ojos abiertos. La clave no es la rentabilidad bruta que aparece en el anuncio, sino la neta después de gastos e impuestos, comparada con lo que rendirían tu dinero y tu tiempo en otras inversiones más líquidas y diversificadas. Calcula los tres tipos de rentabilidad, incluye todos los gastos, entiende la fiscalidad y sé realista con los riesgos. Si tras ese ejercicio los números salen y valoras el componente patrimonial del inmueble, adelante. Si no salen, recuerda que tienes alternativas para exponerte al inmobiliario sin convertirte en casero.





