«No pongas todos los huevos en la misma cesta» resume en una frase uno de los principios más importantes de las finanzas, que no es otro que la diversificación. El refrán popular se queda corto, porque detrás hay una base matemática sólida que formalizó Harry Markowitz en los años cincuenta, un trabajo que le valió el Premio Nobel de Economía en 1990 y que continúa siendo el pilar de la gestión moderna de carteras.
En este artículo explicamos qué es la diversificación, cómo funciona, cuánto riesgo elimina y cómo aplicarla en la práctica como inversor particular.
Qué es la diversificación y cómo funciona
El concepto de correlación
La diversificación funciona cuando los activos de una cartera se mueven de forma desacompasada. Si el activo B sube (o al menos cae menos) mientras el activo A baja, combinarlos da un resultado más estable que quedarse con uno solo. Esa relación entre activos se mide con la correlación, que vale +1 cuando los dos se mueven exactamente igual, -1 cuando se mueven justo al contrario y 0 cuando no guardan ninguna relación.
El efecto matemático: reducción del riesgo sin reducir la rentabilidad esperada
Markowitz demostró que se pueden construir carteras con la misma rentabilidad esperada y menos riesgo con solo combinar activos poco correlacionados entre sí. Ahí está la «magia» de la diversificación, que deja intacta la rentabilidad esperada media mientras recorta la volatilidad de los resultados. Pocos mecanismos en finanzas ofrecen un intercambio tan favorable.
Tipos de diversificación
Diversificación entre activos (clases de activo)
La primera dimensión de la diversificación pasa por las clases de activo, cada una con su perfil de riesgo y rentabilidad y con correlaciones bajas entre ellas. Hablamos de renta variable (acciones), renta fija (bonos), activos alternativos (inmuebles, materias primas, infraestructuras) y liquidez. En muchos períodos, la renta variable y la renta fija han mantenido correlación baja o negativa, y por eso una cartera mixta aguanta mejor los vaivenes que otra formada solo por acciones.
Diversificación geográfica
Dentro de la renta variable, limitarse a empresas españolas o europeas deja la cartera expuesta a los riesgos propios de esas regiones, como los ciclos económicos locales, las crisis políticas o los cambios de regulación. Repartir la inversión entre EEUU, Europa, mercados emergentes y Asia reduce la dependencia de una sola economía. Los fondos indexados globales como el MSCI World o el MSCI ACWI ya traen esa diversificación de serie.
Diversificación sectorial
Dentro de un mismo mercado, los sectores se comportan de manera muy distinta según el ciclo económico. Los defensivos (consumo básico, salud, utilities) suelen caer menos en las recesiones, mientras que los cíclicos (tecnología, consumo discrecional, materiales) tienden a subir más en las expansiones. Una cartera concentrada en tecnología, por ejemplo, sufrió caídas muy superiores a las del mercado en 2022. Repartir el peso entre sectores modera ese tipo de sustos.
Diversificación temporal (dollar-cost averaging)
Diversificar tiene tanto que ver con qué compras como con el momento en que lo compras. Invertir una cantidad fija de forma periódica, por ejemplo cada mes, en lugar de meter todo el capital de golpe, es una forma de diversificación temporal que rebaja el riesgo de entrar justo en un máximo de mercado. Esta estrategia se conoce como dollar-cost averaging (DCA) o inversión sistemática periódica.
Los límites de la diversificación
Riesgo sistemático vs riesgo específico
La diversificación elimina el riesgo específico, es decir, el riesgo de que una empresa o un sector concreto vaya mal, pero se queda sin munición frente al riesgo sistemático, el de que caiga el mercado entero en una crisis financiera global. En episodios como el de 2008-2009 o el crash de marzo de 2020, los activos de riesgo cayeron casi en bloque y repartir entre acciones apenas sirvió de protección.
Cuántas acciones se necesitan para diversificar
Los estudios académicos apuntan a que con 20 o 30 acciones bien elegidas de distintos sectores ya se elimina la mayor parte del riesgo específico. A partir de ahí, cada valor adicional aporta cada vez menos. Ahora bien, mantener una cartera de 30 acciones individuales exige seguimiento y conocimiento, así que los fondos indexados, con cientos o miles de valores dentro, siguen siendo la vía más eficiente para que un particular diversifique.
La diversificación excesiva: la «deworsification»
Peter Lynch acuñó el término «deworsification» para hablar de la diversificación contraproducente, esa que consiste en ir añadiendo activos a la cartera por el simple gusto de diversificar en lugar de por una razón estratégica. El resultado es que se diluyen las mejores ideas y puede resentirse la rentabilidad esperada. La diversificación que funciona cubre los grandes riesgos específicos sin sumar complejidad innecesaria.
Cómo diversificar de forma práctica
La cartera indexada global: diversificación máxima con mínimo esfuerzo
Para la mayoría de los inversores particulares, la forma más sencilla de diversificar pasa por un fondo indexado global que replique el MSCI World o el MSCI ACWI, que incorpora además mercados emergentes. Con un solo fondo se consigue exposición a más de 1.500 empresas de decenas de países y de los principales sectores. Cuesta bastante mejorar ese reparto con menos esfuerzo y menos coste.
La cartera permanente y otras carteras modelo
Quien busque diversificación entre clases de activo tiene a mano carteras modelo que han demostrado solidez a lo largo de los años. La Cartera Permanente de Harry Browne (25% acciones, 25% bonos largos, 25% oro y 25% liquidez) se diseñó para aguantar en cualquier entorno económico, y la cartera 60/40 (60% renta variable y 40% renta fija) es la referencia clásica de equilibrio. Ninguna de las dos maximiza la rentabilidad, aunque sí rebajan la volatilidad y los drawdowns.
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