Avalar un préstamo significa comprometerte a pagar la deuda de otra persona con todo tu patrimonio presente y futuro si el titular deja de hacerlo. No es un simple trámite ni un favor sin consecuencias: en España la mayoría de los avales son solidarios, de modo que el banco puede reclamarte a ti directamente desde el primer impago, sin agotar antes las vías contra el deudor principal. En esta guía verás qué firmas exactamente cuando avalas, qué riesgos concretos asumes, cómo limitarlos antes de estampar la firma y qué opciones existen para dejar de ser avalista.
Qué firmas realmente cuando avalas un préstamo
El aval es una garantía personal: una tercera persona (el avalista) responde del cumplimiento de la obligación del deudor principal. A diferencia de una garantía hipotecaria, que recae sobre un bien concreto, la garantía personal no tiene límite material: alcanza todos tus bienes, tus ingresos y también lo que adquieras en el futuro. Así lo recuerda el Portal del Cliente Bancario del Banco de España, que subraya además el derecho del avalista a recibir información precontractual y a conocer en todo momento la situación del préstamo que garantiza.
Conviene tener claro que el aval no desaparece porque tu relación con el avalado cambie: ni un divorcio, ni una ruptura familiar, ni la venta del bien financiado te liberan por sí solos. Incluso puede transmitirse a tus herederos si fallece el avalista y la herencia se acepta pura y simplemente, sin beneficio de inventario.
Aval solidario o subsidiario: la diferencia que lo cambia todo
En un aval subsidiario, el avalista conserva el llamado beneficio de excusión: el banco debe intentar cobrar primero del deudor principal y solo después dirigirse contra ti. En un aval solidario, que es el que exigen casi todas las entidades, renuncias a ese beneficio: la entidad puede reclamarte a ti en cuanto se produce el impago, aunque el titular tenga bienes. Si hay varios avalistas y se renuncia también al beneficio de división, el banco puede exigir el 100 % de la deuda a cualquiera de ellos, no solo su parte proporcional. Lee siempre la cláusula de afianzamiento: esas dos renuncias, escritas en una línea, definen casi todo tu riesgo.
Riesgos de ser avalista: qué puedes perder
Los riesgos de avalar un préstamo van mucho más allá del importe prestado. Estos son los principales:
- Respondes con todo tu patrimonio: nómina, ahorros, coche y también tu vivienda pueden ser embargados si el impago se prolonga y hay sentencia o procedimiento de ejecución. Ser avalista puede costarte tu casa aunque el préstamo no fuera tuyo.
- La deuda crece con el impago: a la cuota pendiente se suman intereses de demora, comisiones y costas judiciales, de modo que la cifra final puede superar con mucho el capital inicial.
- Puedes entrar en ficheros de morosidad: si el titular no paga y tú tampoco cubres la deuda, tu nombre puede acabar en ASNEF o RAI, con las consecuencias que eso tiene para contratar cualquier financiación, una línea de móvil o un suministro.
- Reduce tu capacidad de endeudamiento: el aval figura como riesgo indirecto a tu nombre en la CIRBE, y cualquier banco lo tendrá en cuenta cuando pidas tu propia hipoteca o préstamo.
- Es muy difícil salir: el aval dura, como regla general, hasta la cancelación total del préstamo, y liberarte antes exige el consentimiento expreso del banco.
El aval también limita tu propio crédito: la CIRBE
Aunque el titular pague puntualmente cada mes, el aval no es gratis para ti: queda registrado como riesgo indirecto en la Central de Información de Riesgos del Banco de España. Cuando solicites financiación, la entidad consultará ese registro y sumará el importe avalado a tus compromisos potenciales, lo que puede reducir la cantidad que te concedan o directamente inclinar la balanza hacia la denegación. Te explicamos cómo funciona este registro y cómo consultarlo gratis en nuestra guía sobre qué es la CIRBE y cómo afecta a tu capacidad para pedir préstamos.
Cómo limitar el riesgo antes de firmar
Si aun conociendo los riesgos decides avalar —algo habitual entre padres e hijos con la primera hipoteca—, negocia las condiciones del aval igual que negociarías las del préstamo. Estas cláusulas marcan la diferencia:
- Aval limitado en importe: en lugar de garantizar el 100 % de la deuda, pacta responder solo de una cantidad máxima concreta (por ejemplo, el 20 % que excede de la tasación en una hipoteca).
- Aval limitado en el tiempo: incluye una cláusula de liberación cuando el capital pendiente baje de cierto umbral o cuando se hayan pagado con puntualidad un número determinado de cuotas.
- Conserva los beneficios de excusión y división si la entidad lo acepta, o al menos sé consciente de que renuncias a ellos.
- Exige información periódica: pide al banco que te notifique cualquier impago desde el primer recibo devuelto para poder reaccionar a tiempo.
Todas estas condiciones se negocian antes de la firma, cuando todavía tienes capacidad de presión. Las tácticas que repasamos en la guía para negociar con el banco tu hipoteca o préstamo sirven exactamente igual para la cláusula de afianzamiento.
Cómo dejar de ser avalista de un préstamo
Salir de un aval en vigor es posible, pero nunca automático: hace falta que el banco lo acepte. Las vías más habituales son la novación del préstamo (renegociar el contrato para eliminar o sustituir al avalista, normalmente con comisión), la sustitución de la garantía personal por otra real (una pignoración de ahorros o un segundo inmueble), la mejora del perfil del titular (si su solvencia ha aumentado, la entidad puede aceptar liberar el aval) o la cancelación anticipada del préstamo, total o parcial, hasta el umbral pactado. Si el banco se niega y el aval te fue impuesto con cláusulas abusivas o sin información adecuada, cabe reclamar: primero al servicio de atención al cliente de la entidad y después ante el Banco de España o los tribunales.
Qué hacer si el titular deja de pagar
Si el avalado incumple, actúa rápido: cada mes de retraso encarece la deuda. Habla con el titular para conocer la situación real, contacta con el banco antes de que la deuda pase a recobro judicial y valora pagar las cuotas atrasadas para frenar intereses de demora, ya que después podrás repetir contra el deudor (reclamarle lo pagado) por vía civil. Comprueba también si tu nombre ha entrado en algún fichero de morosidad —en la guía sobre cómo salir de ASNEF explicamos el procedimiento paso a paso— y, si la deuda avalada te resulta ya inasumible, infórmate sobre la Ley de Segunda Oportunidad, que también ampara a avalistas de buena fe. Este artículo es informativo y no sustituye el asesoramiento jurídico profesional: ante un impago ya judicializado, consulta con un abogado.





